Autor: Xavier Berenguer / Gema Sánchez de la Nieta

"Don Antonio Fontán Pérez. El espíritu de la política" es un retrato personal de la trayectoria política de uno de los personajes más influyentes en el liberalismo español.

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Un tratado de la historia política de las últimas décadas en la vida de España. Así es como Esperanza Aguirre define el libro “Don Antonio Fontán Pérez. El espíritu de la política”. Su autor, Arturo Moreno, expone ampliamente las claves de su personalidad y de su trayectoria vital, intelectual, profesional y política.

Ocurre algo curioso: casi nadie habla de Antonio Fontán. Todo el mundo, y usted también, habla de “don Antonio”. ¿De dónde le venía esta auctoritas?

– Cuando conocí a Fontán, existía una evidente diferencia de edad de más de 30 años, que son muchos cuando se tienen poco más de veinte. Pero ese dato biológico, aunque importante, no es sustancial porque otras personas con menor diferencia de edad también le llamaban D. Antonio. En definitiva era la aceptación de la relación cierta entre maestro y discípulo.

Pero su autoritas tenía una pluralidad de dimensiones. Destacaba por la amplitud y variedad de sus conocimientos, su disposición permanente a enseñar, con generosidad y cordialidad, a las personas que se le acercaban demandando opinión o consejo. Transmitía integridad personal, pulcritud moral en todas sus acciones que encajaba en la constatada rectitud de su trayectoria, en esa conducta ejemplarizante que se refleja en la dignidad de su comportamiento. Su sentido de la responsabilidad pública, su compromiso con los intereses permanentes de la Nación, la altura de sus propósitos, el respeto a las ideas de los otros que escuchaba con atención procurando implicarlas en la solución si eran útiles, sin dogmatismos ni prejuicios, constituían elementos que despertaban el respeto y la admiración de sus amigos, discípulos e interlocutores. Se podría decir que tenía la virtud de la Gravitas romana es decir ese estado de aplomo, gravedad, templanza y ponderación ante la importancia de un asunto y de determinación en el ejercicio del propio sentido del deber.

Lo cierto es que nuestro régimen de libertades no hubiera sido lo mismo sin él…

– En España, ha habido muchas personas que han contribuido con su esfuerzo, con su lucha, con sus aciertos y con su compromiso a que España sea una democracia con un sistema de libertades. Lo que no es tan habitual es encontrar trayectorias que aúnen tal constancia en los propósitos, motivaciones políticas tan enraizadas y acertadas y que además tuvieran la claridad o seguridad ante lo que había que hacer en cada etapa histórica. Cuando empezó a manifestarse políticamente, lo hizo a través de publicaciones culturales defendiendo sus ideas católicas y la Monarquía tradicional.

Comprendió que lo que podía hacer en los tiempos de Franco era escribir, ejercitar la libertad intelectual o de pensamiento, trabajar en la formación de una opinión pública que contribuyera a crear y encauzar una conciencia política despertando a la España consciente enfrentándola a sus problemas y responsabilidades y a su destino común. A sus responsabilidades periodísticas dedicó muchos años, desde principios de los años 50 (Actualidad Española , Nuestro Tiempo) hasta 1972 (cierre del Madrid). Luego desde 1990, hasta su muerte, en 2010, impulsó Nueva Revista.

Antonio Fontán, por comparación con los días que vivimos, ¿es un modelo de ejemplaridad pública?

– La aportación de Antonio Fontán a la política constituyó todo un compromiso inderogable con la historia de España y con su futuro. Esta concepción de la política como servicio persigue, entre otros objetivos, la continuidad nacional. Fontán solía decir “los españoles, cada uno de nosotros, somos continuadores del legado moral y político que hemos recibido de nuestros antepasados.Tenemos el deber de honrarlo y transmitir esos valores históricos a nuestros descendientes”.

Por lo tanto, parte de entender la política como un ejercicio de ciudadanía se concretaba en una voluntad firme y compartida de superación nacional. Para él, nunca la función política fue un privilegio corporativo sino una contribución personal, gratuita y comprometida, a los intereses permanentes de la Nación. Se trataba de servir al Bien Común. No buscó ser un modelo de “ejemplaridad pública”, ni buscó dar lecciones de ética a nadie. Lo que hizo fue actuar con arreglo a los dictados de su conciencia, garantizando una coherencia entre su forma de pensar y actuar. Por eso en los debates argumentaba siempre desde una actitud positiva y constructiva buscando las soluciones precisas que demandaba el país y sumando a ellas el mayor número de voluntades.

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– Don Antonio Fontán, ¿más político o más humanista? ¿Cómo compaginaba estas dos vocaciones? ¿O eran, en el fondo, una y la misma?

– La relevancia política que D. Antonio pudo tener y lo singular y admirable de su trayectoria a mi juicio se sostiene por su gran preparación intelectual, cimiento también de su conocida autoritas . Conseguía que todas sus actividades la universidad, el periodismo, la política estuvieran vinculadas entre sí y que al retroalimentarse mutuamente las mismas, se acrecentara la cosecha intelectual. Su formación humanística, forjada en la disciplina rigurosa del estudio, iba poco a poco transformando y ampliando su mentalidad y conformando una morfología intelectual compleja, rigurosa y equilibrada donde el factor histórico tenía una gran importancia . Siempre decía que había que leer a los clásicos para aprender de nuestra propia experiencia y de cómo se desarrolló la libertad en Occidente. Por lo tanto, su gran formación humanista fue un instrumento de gran alcance y utilidad que le permitía conocer y comprender con mayor amplitud y profundidad la realidad política, abriendo perspectivas nuevas muchas veces exentas en los debates.

¿Cuál era su visión de la universidad?

– Estimaba que la Universidad era el campo más adecuado donde poder ejercer la libertad intelectual a la que consideraba “timbre de gloria de la Universidad de Occidente “. A los 26 años, ya era catedrático de Filología Latina. El cultivo desinteresado del saber, la independencia y libertad de magisterio, el fomento de la ciencia, el reconocimiento público de las actividades de docencia y la concesión de diplomas eran los elementos formales que, en su opinión, definían el perfil histórico de la Universidad Occidental. Fontán siempre reclamó políticamente la libertad institucional de las Universidades, sin la cual se destruye su espíritu corporativo, abierto y creador. Recuerdo que, con ocasión de la elaboración de este libro, leí un artículo de los años 60 publicado en ABC donde venía que esa libertad intelectual sólo puede enriquecer la libertad intelectual, favorecer la ciencia y renovar la cultura nacional, que es algo así como la porción más noble del alma de los pueblos.

– Su amor por lo clásico, en todo caso, no dejó de vivirlo en la práctica como una incardinación en lo europeo…

– Los fundamentos de la tradición occidental del humanismo derivan de las lenguas clásicas y de la civilización greco-latina. Fontán pensaba que el latín, como eje de transmisión de la cultura antigua, ha creado el mundo de Occidente y la cultura europea. Fontán expresa su convencimiento pleno de que la cultura europea y, por lo tanto la mentalidad occidental, es una integración de elementos griegos, romanos y cristianos.

Pensaba que ignorar nuestra historia (Cicerón decía que no conocerla nos condena a ser siempre niños) y nuestras tradiciones era apartarnos de la riqueza de una herencia cultural, moral y política que tanto había influido en los usos sociales y políticos de las sociedades a las que España, por legitimidad histórica y vocación de futuro, aspiraba a equipararse. El europeísmo de Fontán , estación de término de su pluridimensional patriotismo, no sólo incluye la herencia histórica cristiana, sino que enriquece a este al incorporar toda la riqueza cultural y las tradiciones de las civilizaciones que fueron conformando la vida de la gente y de las Naciones en Europa.

Hombre de erudición, pero también hombre de acción. Háblenos de aquella aventura de libertades que fue el ‘Diario Madrid’…

– Fontán pensaba, citando a Balmes, que las tres virtudes ejemplares que debían ser colocadas en el prontuario ético de los periodistas son la claridad, la firmeza y la prudencia en el momento de escribir. Insistía Fontán que la opinión es algo que se debe argumentar con razones graves y fundadas, pero por principio, no se podía excluir que la verdad fuera otra.

Cuando en el 2007 le dieron el Premio Rodriguez Santamaría dijo: “Debemos ser gente modesta. La Prensa, los medios de comunicación, no son un cuarto poder ni debemos aspirar a que lo sea y mucho menos creer que lo es. Hemos de ser testigos y no jueces. Tenemos que servir a la sociedad que nos lee o nos escucha y no alzarnos sobre ella, ni mucho menos querer dirigirla”. Estos eran, según Fontán, los principios que debían dirigir la prensa.

Dicho esto, cuadra perfectamente que dijera que asumió la Dirección del diario Madrid “para cumplir con el deber moral y profesional de practicar y defender la libertad de expresión en circunstancias especialmente difíciles”. Nuevamente aparece la responsabilidad moral como base de su compromiso y de su patriotismo. El paradigma más claro del papel jugado por el diario Madrid era su línea Editorial, integrando a personas de distintas ideas que convivieron con respeto en el interior del periódico, generando un clima de entendimiento en el permanente debate abierto sobre cuestiones nacionales .
 
En un artículo escrito por Fontán, 30 años después de su cierre , dijo lo que a mi parecer resume bien lo que fue el diario “Durante 5 años el “Madrid “ fue inconformista, pero no partidista. No era ni de izquierdas, ni de derechas. Fue un lugar de convergencia de periodistas, políticos y profesionales que querían para el futuro de España un verdadero cambio, una auténtica democracia, con sufragio y partidos políticos y con instituciones semejantes a las de nuestro ambiente histórico y cultural”.
 
Y háblenos también de su última y exitosa aventura, "Nueva Revista"…

– Fue el último gran proyecto periodístico, de gran contenido intelectual y político, que impulso D. Antonio desde 1990 a lo largo de 20 años . Fontán, que se había retirado en 1982 de la política militante al desaparecer la UCD, sabía que se puede hacer política influyendo en los debates nacionales a través de la publicación de artículos o de conferencias, es decir contribuyendo a transformar la realidad política y social circundante, siguiendo la concepción de Ortega de la política. Fontán fundó Nueva Revista “para difundir y defender el liberalismo político, el patriotismo español y la cultura cristiana”. En un ambiente de unidad y respeto a D. Antonio y de auténtica fraternidad liberal se fue desarrollando con éxito Nueva Revista. Miembros de su Consejo Editorial tuvieron posiciones muy destacadas en los Gobiernos de Aznar a partir de 1996 .

¿Por qué ese interés en influir en la opinión pública?

– España no tuvo una democracia hasta el año 1977 cuando el 15 de junio de ese año se celebraron las primeras elecciones democráticas en muchos años. El 22 de Noviembre de1975 fue proclamado como Rey de España Juan Carlos I. El camino para llegar hasta ahí fue muy largo y duro, ya que los márgenes para poder actuar políticamente eran muy restringidos. España era un país enclaustrado en la dictadura de Franco, monopolizado el poder por un partido único, sin libertades políticas y con una ley de Censura que era la vigente desde la Guerra hasta la “apertura controlada” de la Ley Fraga de 1966.
Fontán y las personas de su generación política, que coincidían en la labor que había que realizar en pleno franquismo, eran personas pragmáticas y posibilistas que conocían la estrechez del marco operativo en que debían moverse. Se pusieron manos a la obra para intentar cauterizar las heridas de la guerra y  trabajar por la reconciliación. Eso exigía un cambio de mentalidad de todos y para eso era necesario una reactivación de la opinión pública, aprovechando cualquier resquicio para que los españoles fueran conscientes de sus problemas y responsabilidades empezando a fraguar una activa conciencia nacional.

¿Qué significó el grupo Arbor en el franquismo?

– Desde su afán de estimular la opinión pública, sabiendo que los instrumentos eran muy reducidos, parecía que el mejor camino para dicho fin era colaborar en las Revistas de contenido cultural , al mismo tiempo que se iban agrupando en torno a ese proyecto personas que deseaban una España distinta . Este era el caso de Arbor que era una Revista del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, cuyos colaboradores eran jóvenes profesores universitarios, doctores de diversas disciplinas etc.

Dirigida por Rafael Calvo Serer, estaba muy influida por las ideas de Menéndez Pelayo, Maeztu etc Y también por las ideas y postulados de Acción Española de Sainz Rodriguez o Pemán. Allí, en el año 48, Fontán empezó a escribir coincidiendo con personas como Florentino Pérez–Embid , Jover, Palacio Attard , Martín Almagro o Vicens Vives . Apostaban por la fidelidad a la tradición nacional y la rehabilitación del catolicismo cultural como eje histórico del proyecto común. En Arbor, la reivindicación de la legitimidad tradicional constituía por sí misma la piedra angular de su propuesta de renovación nacional. Por último, conviene resaltar que mantenían una cierta posición revisionista hacia algunas posiciones de la generación del 98 ante facetas que consideraban negativas. Para Calvo Serer, como director de Arbor , lo más positivo del noventayochismo fue la reacción.
 
Una pregunta muy adecuada a estos tiempos: ¿por qué apoyó tanto don Antonio a la Corona?

– Fontán adquirió el sentimiento de fidelidad monárquica en el seno de una familia monárquica que había vivido con verdadero dolor la salida de España de Alfonso XIII y el advenimiento de la República en 1931. Continuó por el estudio intenso y riguroso de la historia de España y la confrontación de esos conocimientos con la experiencia humana al moverse en círculos monárquicos que le permitieron profundizar en su compromiso. Para Fontán el proceso histórico de formación de la Nación, salvo breves y desastrosos períodos de tiempo, ha ido acompañado por la monarquía española .

La Monarquía ha representado una garantía de unidad, concordia, articulación y cohesión de esa comunidad de propósitos, anhelos y destino que es una Nación. Al servicio de la Monarquía dedicó no sólo su vida pública sino gran parte de sus afanes intelectuales y profesionales. La Corona en su marcha histórica hacia la recuperación de su vigencia y misión nacional tuvo en D. Antonio un ejemplar y leal servidor .

¿Qué queda del legado de don Antonio? Él no dejó de formar a personas que, como usted, siempre se han considerado discípulos suyos…

– Fontán fue un forjador de personas útiles para la sociedad en la universidad, el periodismo y la política. En el homenaje que se hizo en el año de su muerte, Esperanza Aguirre recordó que Fontán fue mucho más que un grandísimo profesor. Fue lo que franceses llaman un maitre a penser , es decir, un maestro que no sólo transmite unos saberes, sino que enseñan a pensar de forma crítica y a abordar con honradez y rigor todos los problemas que nos encontramos en la vida.

La generosidad que siempre tuvo al darse a los demás, dedicando su tiempo a transferir sus conocimientos a personas pertenecientes a varias generaciones de españoles, ha tenido cumplida recompensa por la aportación que muchos de ellos hacen a la sociedad desde sus responsabilidades en diferentes posiciones profesionales. Prueba , asimismo, de la huella que dejó ahí están las diversas actividades que promueve en su memoria la Fundación Marqués del Guadacanal o este libro que he escrito en su memoria como un testimonio de agradecimiento y de amistad. A esa amistad  que, como dijo Cicerón, se demuestra en circunstancias adversas y que él nunca rehuyó estando cerca del que le necesitaba. Su vida estuvo orientada a hacer el bien, por ello ahora el recuerdo de sus obras se prolonga.

Redacción




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