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Autor: Enrique García-Máiquez

 72" /> Los brevísimos haikus son un género poético japonés que ha arraigado con todo éxito en España.

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El año dual Japón–España 2013-2014 está pasando, pese a la visita imperial y algunas exposiciones de interés, sin gran eco público. La crisis económica, los escándalos políticos y las histerias internas apenas nos dejan a los españoles mirar arriba, no digamos ya al Lejano Oriente. Da la casualidad, sin embargo, que la colección La Veleta de la editorial Comares va a publicar pronto una completa antología del haiku contemporáneo en español, a cargo de Susana Benet y Frutos Soriano, titulada Un viejo estanque; y, siendo el haiku un fértil campo de hermanamiento entre los dos países, no estaría de más incluirlo, aunque sea desde aquí y por cuenta propia, dentro de las celebraciones de nuestros 400 años de relación, pues lo merece.

 El haiku despertó gran expectación en Inglaterra y Francia a principios del XX, siendo esencial para el imaginismo y para el simbolismo. Aquella moda europea tuvo algún eco —más difuso al principio, luego más nítido— en España, con Eugenio d"Ors, los Machado, Díez-Canedo y, muy sutilmente, en JRJ, que aprendió bien la lección. En México, con José Juan Tablada y los haijines mexicanos, se escribieron los primeros libros monográficos. Gómez de la Serna hizo alguna greguerística reverencia; y las vanguardias, sin captar el espíritu, le prestaron inusitada atención. Ha sido en el último cuarto de siglo XX y lo que llevamos de éste cuando el haiku ha terminado por implantarse poderosamente en el español, apadrinado nada menos que por Jorge Luis Borges y por Octavio Paz. A largo plazo, quizá sólo en Estados Unidos ha arraigado con tanta fecundidad y acierto estético.

Para hacerlo en español, el haiku contaba con varias ventajas: en la tradición y en la actualidad. Su brevedad extrema y hasta su patrón métrico tienen importantes precedentes en nuestra poesía más natural: en el cancionero y, concretamente, en la seguidilla, en la soleá y en la siguiriya. Además, en la actualidad, el haiku ha encontrado una tierra fértil en el interés por la espiritualidad oriental, como puede verse en los insistentes trabajos de Vicente Haya, y, más en general, en las ansias de silencio y sugerencia tras el abuso de la anécdota no muy categórica y la palabrería fácil.

Es importante dejar claro que ambas ventajas han favorecido al haiku, pero no lo hacen redundante. En cuanto a nuestras formas, mientras la soleá es musical, ingeniosa y desgarrada, para la risa o el llanto; el haiku es visual, ingenuo y delicado, para la sonrisa o la melancolía. (una explicación más detallada, aquí) Tampoco se le puede confundir con la greguería, por mucho que Ramón amagara. Aunque el cauce —el gusto por la intensidad y la brevedad—, ya lo tenía hecho, el agua del haiku es distinta agua.

Tampoco sacia el haiku las ansias de silencio con lo obvio, que sería el silencio, sino con algo más definitivo: la trascendencia y la significación que ahogaban las palabras excesivas. En el haiku –aunque no se explica casi nunca– la anécdota, la biografía implícita del poeta (véase Issa), el guiño a la tradición o incluso el chiste, tienen mucho que decir. En contra de lo que creen los brumosos bisoños, es una poesía de la claridad extrema. El haiku lo que ha venido a ofrecer a la poesía española es una inmejorable relación significación/palabras.

haiku 1

Un viejo estanque recoge todas estas aguas, y demostrará lo claras que son y lo abundantes y lo hondas. El criterio de selección es atenerse al haiku que guarda las formas, con tres versos de 5-7-5 sílabas, aunque admitiendo variaciones. En cambio, no extrema la exigencia de la palabra de estación (kigo), aunque abundan los haikus con sugerencias estacionales. Quizá se han recogido demasiados haikus que japonizan o hacen una estampa japonesa y hablan del monzón o la choza. En algunos casos terminan pareciendo (o pareciéndome) esteticistas o culturalistas. Son los menos. En general, encuentro muy correctos los criterios de selección. Sobre todo, la exigencia métrica, pues siempre la forma en poesía es fundamental, pero en el haiku más, si cabe. Así hay que entender el epigrama de José Luis García Martín: "El haiku es el soneto de los perezosos", donde el acento recae en "soneto" más que en "perezosos", que es sólo el estrambote del ingenio.

En cambio, el criterio de autoridad de los autores ha pesado poquísimo: junto a poetas consagrados, se recogen haijines de páginas de internet, en especial del muy activo El rincón del haiku. Me parece otro acierto: la levedad del haiku es ésa: la de evitar pesos inútiles, aunque sean prestigios, famas, cronopios y renombres, y valorar lo que vuela. Quizá una manera de vindicar esta opción haya sido ordenar a los autores por el orden alfabético de sus nombres de pila, no por sus apellidos ni por sus fechas de nacimiento, que no se citan.

La prueba de lo acertado de los criterios de los antólogos es la cantidad de haikus memorables que se encuentran en esta antología. Llegan incluso a sorprender al prologuista, el gran experto e impagable traductor pionero Fernando Rodríguez-Izquierdo. Vean una mínima —aunque parezca extensa— muestra:

Ese ruidito
de la polilla presa
en el farol.
              [Ana Anyon]
 
*
Nadie consuela
a ese perro que ladra
y ladra y ladra.
              [Arturo Tendero]
 
*
De aquel verano
conservo las sandalias
de cuero azul.
              [Aurora Luque]
*
 
En la maraña
del granado sin hojas,
un petirrojo.
              [Blas Muñoz]
*

Unos capullos
abiertos, otros cerrados.
La misma rama.
·
Se hundió el tejado.
Un candado en la puerta
hay todavía.
·
Camina el último.
Sólo él huele el tomillo
que van pisando.
              [Emilio Gavilanes]
*
casi lo piso...
el brillo de la luna
en las baldosas
 
·
 
sigo las huellas
del perro que una vez
pisó el cemento
 
              [Giovanni C. Jara]
*

Dos mariposas
apareadas, quietas,
como si nada.
              [Isabel Escudero]
*

Mediado enero
aún siguen en las ramas
las serpentinas.
              [Jesús Munárriz]
*
atasco en la autopista–
dentro del coche
olor a mar.
              [Jordi Climent]

*
Con qué inocencia
repentina, el anciano
mira la luna.
              [José Luis Parra]

*
Para su esposa
el viejo casca almendras
sobre una piedra.
·

Para el aroma
nocturno del jazmín
no hay alambradas.

              [Miguel d"Ors]
*
De siete meses,
tras mi enorme barriga
se pone el sol.

  [Patricia Marrades]

*

Un estornudo…
Las moscas van y vuelven
al indigente…

              [Pedro Fanegas]

*

Olor a humo
en tu pelo rizado,
día de campo

              [Pilar Alcón]

*


Duda el perro
callejero del pan
que le arrojaron.
              [Umberto Senegal]

*


Hilo de hormigas.
Mi primera intención
era pisarlo.

              [Valentín Carcelén]

No comento cada poema en concreto porque me convence (y conviene) Chantal Maillard: "El único comentario legítimo a un haiku es su mera repetición". En cambio, sí quiero contar una experiencia como ejemplo de la poderosa fuerza evocativa que puede alcanzar un haiku. Al leer éste de Luis Carril:

Llueve más fuerte.
Se va espaciando el trino
hasta no oírse.

quedé profundamente conmovido. Era misterioso, porque iba leyendo todos con inmenso gusto, también los de otros que no nombro, o porque son muy conocidos (Andrés Neuman, José Cereijo, José Mateos, Martín López-Vega) o porque el artículo tiene un límite. Sin embargo, no pude dejar de buscar el nombre de Luis Carril por la Red, y encontré que, efectivamente, es un excelente haijin. Esta antología llevará a los lectores a otros muchos descubrimientos similares.

El defecto más grave de Un viejo estanque será la ausencia en su selección de los haikus de sus dos editores, Frutos Soriano y Susana Benet, que son dos de los más importantes y dedicados poetas del haiku contemporáneo en español. Uno entiende el pudor de los antólogos, pero tendrían que haberlo vencido. Yo estoy aquí reseñando una selección en la que aparezco, y si me acusan de juez y parte, seguro que el propio libro hace bien el papel de abogado defensor. Claro que ellos podrían echarme en cara que en la selección que he hecho más arriba no me he incluido. Ya lo dije, no cabíamos todos, pero, para no dejar flancos débiles a mi único reparo sustancial a Un viejo estanque, aquí estoy, ea.

Por suerte, casi todo tiene arreglo, y remato la reseña escogiendo algunos haikus de Frutos Soriano y otros de Susana Benet, como si estuviesen antologados. Por mí no va a quedar:

hojas caídas

sobre la hierba

la danza quieta.

·

olmos, acacias…

el niño solamente

ve porterías.

·

nos acostamos

distantes: entre sueños

me ha abrazado

                          [Frutos Soriano]

*

Arde una vela,

más allá una farola,

detrás, la luna.

·

Campo regado.

Cada vez pesan más

mis zapatillas.

·

Iba con prisa,

pero entré en la capilla.

Olor a incienso.

                          [Susana Benet]

Enrique García-Máiquez




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